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Magazine-AR -
Desde el Mundial
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Escrito por Ricardo Flesler (Desde Sudáfrica para Argentina.co.il)
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Martes 22 de Junio de 2010 01:40 |
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 Los primeros once días del Mundial de Sudáfrica permiten un balance parcial del desarrollo del que es, junto a los Juegos Olímpicos, el mayor espectáculo deportivo del planeta.
De entrada hay que constatar que la apuesta de que, por primera vez en la historia, un país africano organizase el Mundial no ha sido errónea. La nación más meridional del continente negro está demostrando, en general, una capacidad organizativa a la altura del evento, y la notable asistencia de espectadores a los estadios, es la esperada.
En el terreno meramente deportivo, los 32 partidos disputados hasta ahora confirman la tendencia a una mayor igualdad entre selecciones como efecto de la definitiva globalización del fútbol.
Los resultados adversos obtenidos por potencias que atesoran campeonatos mundiales, como Inglaterra, Francia, Italia o Alemania, ante rivales teóricamente mucho más débiles certifican - más allá del tópico de que no hay rival pequeño - que, pese a las enormes diferencias económicas entre la élite y el proletariado, el fútbol tiene margen para mantener el que es uno de sus mayores atractivos: el desafío de la lógica y el triunfo de lo inesperado.
Con todo, es más que probable que los jugadores de las grandes selecciones (las europeas, Brasil y Argentina, fundamentalmente) estén pagando haber llegado a Sudáfrica con muchísimos partidos en las piernas durante la temporada, con sus clubes o con los propios equipos nacionales.
Un Mundial con menos equipos y duración tendría más sentido, aunque es difícil que la FIFA se plantee una reforma de este tipo porque chocaría con su modelo expansivo, en el que antepone sus ingresos económicos a evitar la erosión, por sobrecarga, del eslabón clave del negocio, los jugadores.
Sin duda, con un calendario tan repleto durante todo el año, un Mundial de un mes como complemento de lujo es excesivo para cualquiera. Entonces, que nadie se atreva a decir que el fútbol y la política no tienen nada que ver.
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