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Magazine-AR -
Desde el Mundial
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Escrito por Ricardo Flesler (Desde Sudáfrica para Argentina.co.il)
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Sábado 10 de Julio de 2010 07:54 |
 Cuando el Mundial termine y yo vuelva a Jerusalén, lo que quedará es una imagen común en África: la de unos chicos descalzos pateando una pelota de trapo que sueñan con aparecer en un partido televisado para demostrar que han logrado salir de la miseria.
Me pregunto qué le quedará a África cuando termine el Mundial de fútbol. De entrada se dijo que este evento colmaba la ilusión de un continente por acoger por primera vez este torneo.
Por otro lado cabía la posibilidad de que alguno de sus equipos llegara a la final. Pero ya sabemos que no fue así: los dos finalistas son europeos y el tercer puesto lo disputarán un equipo europeo y un latinoamericano.
La ilusión de haber tenido tan cerca a los mejores futbolistas del mundo persiste, aunque también en esto fallaron: ni Messi ni Cristiano Ronaldo ni Rooney consiguieron meterse en la final.
Antes del Mundial, África ya era el continente donde se podía ver más niños y jóvenes con camisetas de equipos de fútbol sudamericano o europeo. Se adivinaba que una camiseta de la selección argentina, por ejemplo, era en ese contexto una especie de escudo contra las patadas de la vida, pero también una ilusión por saltar algún día a la primera división del mundo.
Es esa misma ilusión la que hace que los taxistas africanos te digan de memoria la formación de Brasil o que en las aldeas más recónditas se congreguen multitudes frente a un televisor obsoleto para ver un partido.
Cuando el Mundial termine y yo vuelva a Jerusalén, lo que quedará, me temo, es una imagen común en África: la de unos niños descalzos pateando una pelota de trapo que sueñan, en un claro en la selva o en un rincón de la sabana o del desierto, con jugar algún día en esos fabulosos estadios construidos en Sudáfrica o, mejor aún, con aparecer en un partido televisado para demostrar a los suyos que al final, pese a todo, han logrado salir de la miseria.
La diferencia entre el antes y el después del Mundial será, muy probablemente, que entre el público africano habrá a partir de ahora unos cuantos chicos que marcarán, al ritmo implacable de la vuvuzela, el grito desesperado de un continente que, terminada la fiesta del fútbol, volveremos a relegar al olvido.
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