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Desde Israel
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Escrito por Ari Shavit
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Una absurda historia: En la primera década posterior a la Guerra de los Seis Días, Israel decidió no decidir. No había llegado la hora de prestar atención a las advertencias de quienes entendieron de inmediato la trampa de la conquista.
Israel creyó que los territorios son cartas preferibles de guardar, dado que con ellas sería posible lograr la paz. Los Gobiernos de Levy Eshkol y Golda Meir no comprendieron que la situación temporaria que se originó en Judea, Samaria y Gaza era una trampa perenne, y que sería muy difícil salir de ella.
En la segunda década después de la Guerra de los Seis Días, Israel decidió actuar. Cuando la derecha llegó al gobierno en 1977, resolvió levantar 150 asentamientos, destinados a convertir la conquista en irreversible. Justamente después de abandonar Sinaí, el Likud se empecinó en establecer precedentes para evitar otra retirada similar. Con una mezcla de soberbia, pánico y desatención de la realidad, el gobierno del Likud intentó dominar los territorios. Copiando sistemas colonialistas espúrias y anarquistas, el Israel de Menajem Beguin y Ariel Sharón, actuó contra las leyes internacionales y en contraposición a la realidad demográfica con el propósito de absorber partes de tierra, las cuales ya no podía deglutir. Ebria de poder y contaminada de corrupción, la derecha israelí trató de frenar a cualquier precio la soberanía palestina, pero justamente con ello, logró desvirtuar la soberanía judía.
En la tercera década de la conquista la sobriedad se hizo presente. La primera Intifada originó en la mayoría israelí la comprensión de que era mejor salir de los territorios. Sin embargo, Itzhak Rabín y Shimón Peres eligieron retirarse de ellos mediante los Acuerdod de Oslo, que condujeron a un callejón sin salida. ¿Porqué? Ambos líderes se basaron en la suposición infundada de que Yasser Arafat era un aliado y que la paz estaba apenas a un paso.
El proceso de paz acordado en la Casa Blanca no fue riguroso con los palestinos y tampoco se enfrentó a los habitantes de los asentamientos. El resultado fue el caos: Por un lado un ente palestino armado, hostil e irresponsable; por otro una empresa anarquista de mesianistas fanáticos. En lugar de que el proceso político libere a Israel de la soga asfixiante, sólo logró ajustarla aún más alrededor de su cuello.
En la cuarta década de la conquista, Israel se sobrepuso a su posición. Después del fracaso de las negociaciones de Camp David y la irrupción de la segunda Intifada, la mayoría de los habitantes del Estado judío comprendieron que la disyuntiva conquista-paz son dos cuestiones diferentes. Una amplia mayoría entendió y aceptó que Israel debe salir con precaución de los territorios, aunque la retirada no ponga fin al conflicto. Sharón y Olmert adoptaron el unilateralismo. Pero después que esta teoría fue llevada a la práctica en la desconexión de Gaza, quedó claro que no existen soluciones mágicas.
La ascensión de Hamás al poder, el ataque de los Kassam, la operación "Plomo fundido" y el Informe Goldstone, nos enseñaron qué sucede cuando Israel desea desconectarse unilateralmente: el extremismo palestino recrudece, la violencia resurge y cuando Israel intenta defenderse es señalada como culpable. En esta etapa tardía de la necrosis, una retirada unilateral simplista no renueva la legitimidad israelí; al contrario, la desgasta. Cenizas quedan.
La quinta década es la última. No hay ninguna chance de que la comunidad internacional alargue el plazo. Si no hallamos el camino correcto para enfrentar la conquista, ésta nos enterrará vivos. Justamente o no, Israel está de espaldas a la pared. Justamente o no, el mundo le cierra sus puertas. Si tratamos de utilizar la fuerza, saldremos más afectados. Si no nos ocupamos seriamente de los asentamientos, seremos otra Sudáfrica.
Por ello, Binyamín Netanyahu y Ehud Barak, no tienen tiempo. Deben actuar con rapidez, La opción de la primera década (status quo) no es relevante. La opción de la segunda (asentamientos) nunca lo fue. La opción de la tercera (paz) es una ilusión. La opción de la cuarta (unilateralismo) fue una receta trágica.
Por todo esto, es imprescindible depurar en un corto plazo la opción de la quinta década. Tal vez una retirada limitada de Samaria. Quizás una retirada limitada a cambio del reconocimiento internacional del derecho de Israel a defenderse. Posiblemente una retirada limitada condicionada a que Egipto, Jordania, Arabia Saudita y los países del Golfo asuman la responsabilidad temporaria de los territorios evacuados y su desarrollo.
Sea como fuere, Netanyahu y Barak deben actuar. Deben demostrar que no están sentados en sus oficinas con el fin de gozar de los placeres del poder, sino para culminar cuatro décadas de frivolidad en una quinta década de esperanza.
Fuente: Haaretz - 22.10.09 Traducción: Lea Dassa para Argentina.co.il
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