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Judaísmo
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Escrito por Rabino Gustavo Surazski
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¡Afuera hace frío! -
Una cuestión que a menudo preocupa a los padres es cómo generar en los hijos anticuerpos para que puedan manetener valores cultivados en casa sin que se hallen amenazados por asuntos nocivos productos de la socidedad que los circunda.
Y no sólo se trata de aspectos de la identidad judía. Esta cuestión es también relevante cuando pensamos en temas como el cigarrillo, el alcohol o las drogas.
¿Cuánta influencia tendrá el predicamento paterno en la educación del hijo? ¿Cuánto estarán influenciados por sus pares?
En la Parashá de esta semana encontramos sugerida dicha tensión. Nuestro patriarca Iaakov sabe que sus días están contados y llama a sus doce hijos a fin de bendecirlos.
Sin embargo, ante todo, Iaakov bendice a sus dos nietos, Efraim y Menashé. "Y les bendijo en aquel día diciendo: En vuestro nombre bendecirán a los hijos de Israel, diciendo: ¡Haga Dios que seas como Efraím y como Menashé!" (Bereshit; 48-20).
Con el correr de las generaciones, este versículo dio forma al "Birkat HaBanim", la bendición que dicen los padres sobre sus hijos en Shabat y en la víspera de Iom Kipur. La pregunta es por qué razón esta bendición es protagonizada por Efraim y por Menashé. ¿Por qué fueron ellos "recompensados" con este honor? ¿Por qué no bendecir: "Haga Dios que seas como Abraham, Itzjak e Iaakov", de la misma forma que las hijas son bendecidas "Haga Dios que seas como Sara, Rivka, Rajel y Lea"?
El Rabino Shmuel Hominer Z"l nos da una respuesta a este interrogante en su libro "Eved HaMelej":
De todas las tribus, sólo Efraim y Menashé nacieron y fueron críadas en la impureza egipcia. En su hogar - tal como se acostumbra en la casa de todo virrey - siempre ingresaban los ministros y los magos egipcios.
Allí - en una tierra no judía, lejos de la sagrada Tierra de Israel - vivieron durante largos años. No ocurrió lo mismo con las diez tribus restantes. Ellas crecieron y fueron educadas en la casa de Iaakov; su espíritu yacía sobre ellas.
A pesar de ello, cuando Iaakov llegó a Egipto vio que Efraim y Menashé no se tentaron por las impurezas del lugar, y no aprendieron los usos y las costumbres de dicha nación. Por el contrario, fueron críados y educados sobre las rodillas de Iosef en un ambiente de temor al Cielo, a punto que estuvieron aptos para ser contados dentro de las doce sagradas tribus de Dios.
Las palabras del Rabino Shmuel Hominer son sumamente relevantes; sugiere que aquellos dos niños - entre todas las otras tríbus - tenían la mayor probabilidad de elegir un camino diferente al de sus antepasados. ¿Cuánto tiempo podrán sostenerse los valores de su familia frente a un entorno tan amenazante?
"¡Haga Dios que seas como Efraim y como Menashé!" no es una póliza de seguro; es una oración desde el fondo de nuestro corazón para que nuestros hijos sigan nuestros pasos, porque ahí afuera hace frío.
¡Shabat Shalom!
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