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Judaísmo
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Escrito por Rabino Gustavo Surazski
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Dios olvidado
- Si durante generaciones el hombre ha temido a Dios, hoy es Dios quien teme al hombre y se horroriza con sólo pensar que éste pueda considerarse omnipotente y gritar a viva voz "¡Para mí fue creado el mundo!"
Cuando Samuel Morse inventó el telégrafo hace más de cien años, las primeras palabras que envió por cable fueron: "Ésto es obra de Dios". Cuando en 1969 Neil Armstrong pisó por primera vez la luna, dijo: "Es un pequeño paso para el hombre, un paso gigantesco para la humanidad".
Cuando, preso de la emoción, Armstrong habla de su impresionante logro, olvida a Dios y pone en el centro de sus palabras al hombre y al género humano.
El hombre contemporáneo ha obligado a Dios a bajar del pedestal, y - atrevido como jamás lo ha sido en la historia - se ha posicionado como amo y señor de toda la humanidad.
El progreso y el bienestar económicos puedes ser enemigos mortales de la revernecia porque constituyen la celebración del vigor y de la fuerza del hombre.
Y aun cuando creo que Dios se alegra enormemente viendo al hombre progresar y enriquecerse (por algo nos ha prometido una tierra de leche y miel, trigo y aceites), creo también que su tristeza es mayúscula cuando observa que este avance lesiona la devoción humana y nos transforma en pequeños seres con corazones irreverentes.
Rabí Simja Búnem solía decir que el hombre debe tener en sus pantalones dos bolsillos. El uno que diga: "Para mí fue creado el mundo" y el otro que diga: "Soy sólo polvo y cenizas".
Si durante generaciones el hombre ha temido a Dios, hoy es Dios quien teme al hombre y se horroriza con sólo pensar que éste pueda zurcir este segundo bolsillo y gritar a viva voz "¡Para mí fue creado el mundo!"Por ello, atendamos el consejo que nos da nuestra Parashá: "Cuídate por si olvidas al Eterno, tu Dios, para no cuidar sus mandamientos, sus ordenanzas y sus leyes... Quizás comas y te sacies, y buenas casas edifiques y habites... y digas en tu corazón: Mi fuerza y el vigor de mi mano hicieron para mí esta riqueza" (Dvarim 8, 11-14).
Porque si bien es cierto que "El mundo fue creado para nosotros", no menos cierto es que "No somos sino ‘polvo y cenizas".
¡Shabat Shalom!
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