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Nostalgia
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Escrito por www.argentina.co.il
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Martes 01 de Septiembre de 2009 05:06 |
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 En los tiempos de los Power Rangers y las películas de Pixar, de los iPod y los juegos para ordenadores de Star Wars, hay una niña que sigue pidiendo ser escuchada: Mafalda.
Ella se ha ganado el derecho a la eternidad. Joaquín Lavado, Quino, comenzó a dibujarla hace 45 años en la revista Leoplán. Fue tan buena la recepción que la tira pasó a Primera Plana, la revista de la clase media argentina con pretensiones de ilustración. Luego estuvo en el diario El Mundo y el semanario Siete Días.
Después fue libro y dibujo animado. Ya son varias generaciones de argentinos - y no solo de esta parte del mundo - las que han tenido a Mafalda y a sus amigos (Manolito, Susanita, Felipe, Libertad, Miguelito, Guille...) como parte de su propia familia imaginaria.
Pero tal vez sean aquellos que se educaron en los '60 y principios de los '70 quienes tengan una relación sentimental más intensa. Acaso porque la niña a la que no le gustaba la sopa ni las guerras comenzaba a hablarles en un lenguaje que ni siquiera utilizaban los mayores.
Mafalda fue testigo de cómo funcionó en Argentina la colisión generacional. Ese choque se verificó con fuerza en la música y la política. Al padre le gusta Bing Crosby. Mafalda, en cambio, acompaña la evolución de Los Beatles en una ciudad en la que los Fab Four eran condenados por obscenos.
Las numerosas tiras alusivas a los músicos ingleses se ilustran con letras de sus canciones escritas en gran tamaño. En una clase de Historia Nacional los chicos del aula de Mafalda le responden a la maestra : "yeah, yeah, yeah". Manolito, el entrañable hijo de un almacenero de origen español, se refiere a ellos como los "tarados peludos". "A tu edad tienen que gustarte", lo anima su amiga. Con el correr de los años, Mafalda será igual a si misma, pero cada vez más sarcástica.
Quino dijo alguna vez que, de haber existido, su nombre habría estado en la lista de los jóvenes que desaparecieron durante la última dictadura militar, que fueron sus primeros y voraces lectores.
El tiempo pasa, los dolores quedan, y también, por suerte, Mafalda. La niña, que ya ilustra muchas plazas de Buenos Aires, está por volver a su barrio, San Telmo.
Por iniciativa del Gobierno de la ciudad, Mafalda se "sienta" otra vez en la puerta de su casa, en la calle Chile 371. Allí, una estatua le rinde reverencia permanente. En ese lugar vivía Quino mientras la dibujaba.
El humorista se inspiró en escenas de la vida cotidiana. Incluso uno de sus vecinos, Manuel Fernández, su "modelo" de Manolito, hoy atiende un kiosco a pocos metros de allí.
"Los jóvenes tendrían que aprender a ser como ella", dice Pablo Irrgang, el escultor de Mafalda. "Crecí con ella", reconoce. Irrgang espera que la gente, al ver la estatua de 80 centímetros, "pueda sentir esa empatía que produce el personaje, que pueda sentarse ahí al lado y sacarse una foto".
La gente pasará a su lado y Mafalda se mantendrá imperturbable, pensando sobre el destino del mundo. "De noche, será otro de los chicos que duermen a la intemperie", dijo el escultor. Buenos Aires, que la quiere como siempre, ya no es esa ciudad que la vio nacer.
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