| Parashat Hashavua - Reé |
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| Magazine-AR - Judaísmo | |||||||||
| Escrito por Rabino Gustavo Surazski | |||||||||
| Miércoles 04 de Agosto de 2010 02:00 | |||||||||
![]() Dos montes, dos mundos - Cuando hablamos de montañas celebres en la Torá, enseguida recordamos el Monte Sinaí o el Monte Moriá. Sin embargos, las montañas bíblicas abarcan mucho más de lo que pensamos. No solamente son el sitio elegido para la foto del viaje de alumnos, ni el lugar apto para unas formidables vacaciones de ski, sino el punto en donde la voluntad de Dios y la devoción del hombre se unen. No en vano Moisés sube a una montaña para recibir la Torá. Parashat Reé, nos habla sobre la existencia de dos montes, bastante menos célebres, llamados Gerizim y Eival, que muestran un fuerte contraste en su apariencia. Gerizim, al sur del valle de Shjem presenta un agradable declive verde que está cubierto hasta la cumbre por terrazas de frutas. Eival, hacia el norte, es escarpado, infecundo y frío y ligeramente más alto que Gerizim. Sin embargo, y esto resulta ser lo más llamativo, las dos montañas yacen una frente a la otra, se elevan sobre el mismo terreno, son regadas por las mismas lluvias y el mismo rocío, en ambas se respira el mismo aire, las dos ven flotar el mismo polen y - aún así - Eival es fría e infecunda mientras que Gerizim está vestida de vegetación hasta su cima. De acuerdo a la Parashá, al momento de cruzar el río Jordán, aquellos dos montes serían el escenario elegido para el ritual de compromiso popular con las palabras de la Torá. El alma religiosa también puede compararse con estos dos montes. La observancia ciega y compulsiva puede trastocarse en maldición y alimentar en el ser humano sentimientos de fanatismo, odio y violencia. Es entonces que el corazón pasa a ser terreno infecundo y escarpado, similar al monte Eival. Pero la vida nos muestra la otra faceta. Un individuo regado por idéntica lluvia, y rodeado del mismo aire, puede transformar las palabras de la Torá en fuente de bendición y fertilizar su corazón para albergar sentimientos de amor y sensibilidad hacia Dios y hacia sus criaturas. Cuentan que un rabino se encontraba caminando por las calles de Jerusalén en el preciso momento en el que el Shabat estaba finalizando. Allí, un comerciante apurado por abrir su negocio, estaba levantando la cortina del mismo apenas unos minutos antes de la hora exacta de la salida del Shabat. Fue entonces cuando un grupo de judíos ultra-ortodoxos, indignados por su irreverencia, rompieron la vidriera de su comercio a piedrazos. El rabino observaba la escena azorado. Vino a su mente que solía repetir día a día: Kol Israel Arevim Ze BaZe (Cada judío es responsable por su prójimo). Entendió que permanecer callado era un acto de cobardía y se sintió comprometido a ayudar a aquel judío en desgracia. Se acercó al lugar de los hechos y al pedir explicaciones a los fanáticos, ellos le respondieron con la misma frase que lo movilizó a él: Kol Israel Arevim Ze BaZe. ¿Cómo podía ser?, preguntó el rabino. ¡Si fueran responsables por él, no le estarían destrozando el negocio! ‘Justamente por ello lo hacemos; rompemos su negocio porque somos responsables por él. Es nuestra responsabilidad judía enseñarle a ser un buen judío, y reprenderlo por el incumplimiento del Shabat'. Este relato logra graficar el increíble impacto que tiene la Torá en los judíos. Lo que para unos representa vida, para otros representa muerte. Lo que a unos los mueve a crear, a otros los mueve a destruír. Lo que a unos los motiva a amar, a otros los motiva a odiar. Lo que para unos es Gerizim, para otros es Eival. ¡Shabat Shalom!
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